Ciudad

Beatriz Querol, artista plástica de Mataderos, nos cuenta de su viaje al suelo Antártico Argentino, durante este verano, con un objetivo muy claro, conocer el suelo que pisó su padre y dejar una obra para el futuro.

Quise donar una obra a la Antártida Argentina, llamado continente blanco para hacer Soberanía y Patria en ese lugar tan emblemático, quise aportar mi granito de arena desde el arte al y sumarme al conjunto de hombres y mujeres con valores en común, dispuestos a seguir por el bien de la Patria, por un mundo mejor.

Es un lugar que siempre quise conocer, por lo que hice con tiempo una investigación para poder donar una obra que quede allá y en diciembre del 2022 me llamaron, para realizar el viaje en febrero de este año.

El objetivo no era solo personal, nos manifiesta Beatriz, ya que su papá estuvo trabajando en la Base durante años, por lo que hice el trámite a través del COCOANTAR, Comando Conjunto Antártico, que en principio no me autorizaba a viajar con la obra, pero al final consiguí el permiso.

Al llegar, luego de un primer intento fallido, Viaje totalmente emotivo para mí, y lo recorrí dije: "éste es mi lugar en el mundo", sólo debo agradecer.

La obra donada está referida al tango porteño, no es inédita, pero al verla me manifestaron su agradecimiento, “es maravilosa” dijeron, dándole un lugar de mucha relevancia. La presentación de la donación se hizo un día sábado y contó con la presencia de las personas de la Base, unas 130 personas que desempeñan distintas actividades.

El viaje es muy duro, manifiesta la artista, el vuelo sale de Palomar a Rio Gallegos, ya con la ropa de cruce para usar en la región Antártica, ya en el sur del país, salimos en la fecha prevista y aunque sobrevolamos la zona, las condiciones no eran propicias así que luego de dos vueltas, tuvimos que volver a Rio Gallegos porque no había visibilidad nos dice Beatriz. Si bien el viaje primero se frustró, mi emoción era extrema, nos dice con la voz entrecortada, considerando el lugar en el mundo en el cual me sentí muy conmovida. Es todo distinto a un vuelo habitual, es un avión de carga, un Hércules con todo el material para la Base, y todo el personal de allí espera el arribo y saluda a los recién llegados del continente. Este año hace 47 años que mi papá estuvo allá trabajando, por lo que pisar ese suelo fue muy emotivo, fue como un homenaje a él llevar mi obra, como artista plástica. Allí enseguida eligieron el lugar donde se destacaría mi obra, pude percibir la emoción de ellos que acompañaron la mía, donde sentí que mi necesidad de hacer este viaje estaba relacionado con el homenaje a mi papá, en un hermosos lugar silencioso, rústico y a la vez acogedor en ese inmenso espacio nevado.

Había días de buena visibilidad, otros con 12 grados bajo cero, otros con mucho viento, la noche anterior a mi llegada había nevado dice Beatriz, si bien es una época de días más largos y noches más cortas, así que pude recorrer las pasarelas, mirar todo sacar fotos y allí donde solo se escucha el viento, pude mirar para adentro. También me quedo muy claro que no se perciben las huellas del ser humano, uno se percibe muy distinto allí, en esa inmensidad pude volcar mis sensaciones, mis deseos, emociones que afloran por el lugar, por los recuerdos, que pude anotar.

En la caminata a la costa, un día que estaba espléndido me llevaron a la pinguinera, un lugar al que llegamos caminando, 8 km de ida por lo que en el día caminamos 16 km, conté con ayuda de un bastoncito y de los conocedores del terreno, pero fue hermoso llegar a la playa, desde allí pudimos observar los pequeños témpanos que se parecen a esponjitas pequeñas, haciendo contraste con el azul del mar de Weddell, nos dice Beatriz. La playa es arenosa, con esos témpanos que de lejos se veían pequeños, de cerca eran de unos tres o cuatro metros, la pudimos disfrutar porque la marea a esa hora estaba baja, los únicos habitantes son pingüinos y lobos marinos. Al regreso lo tuvimos que hacer por las piedras porque estaba subiendo la marea, siguiendo el rastro de los pichones de pingüinos, porque algunos no se animan a sumergirse en el mar, quedan a merced del frío y las inclemencias.

Un viaje inolvidable a la Base Marambio, un cruce largo desde el continente hay 1 hora de Río Gallegos a Ushuaia, sumarle más de 2 horas para aterrizar, todo un cuidado para lograrlo, donde el viento define si es posible o no.

Mi eterno agradecimiento al COCOANTAR, Comando Conjunto Antártico, General Edgar Calandín y al Jefe de la Base Marambio Federico Vassallo, finaliza Beatriz.

Mas información en su sitio

https://www.facebook.com/beatriz.oliveraquerol

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