Ciudad

¿Dónde estabas cuando explotó Chernóbil? Creo que seguramente nadie fuera de la Unión Soviética puede responderlo. Es más, me atrevo a decir que ni siquiera los que estaban muy cerca, supieron durante las primeras horas, qué pasó el 26 de Abril de 1986.

Fue durante la madrugada, alrededor de la 1:23 a.m., cuando el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en la entonces República Socialista Soviética de Ucrania, sufrió una explosión durante una prueba de seguridad. El accidente provocó un incendio y una liberación masiva de material radiactivo. La población de la cercana ciudad de Prípiat no fue evacuada inmediatamente. La evacuación comenzó aproximadamente 36 horas después del accidente, el 27 de abril. La noticia empezó a trascender internacionalmente cuando estaciones de monitoreo en Suecia detectaron niveles anormales de radiación el 28 de abril.

A diferencia de lo sucedido el 11-S —que prácticamente todo el mundo pudo ver en televisión en tiempo real—, Chernóbil fue inicialmente un acontecimiento invisible. No había imágenes de una explosión que explicaran lo que estaba pasando. No se podía ver la radiación. No se podía oler. No se podía tocar. El peligro estaba ahí antes de que el mundo supiera que estaba ahí.

Por eso te propongo que empecemos de nuevo y nos preguntemos: ¿Dónde estabas cuando ocurrió algo que todavía no sabías que había ocurrido?

¿Qué pasó exactamente aquella madrugada?

En la noche del 25 al 26 de abril de 1986, los operadores del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil estaban realizando una prueba de seguridad. Querían comprobar cuánto tiempo las turbinas podían seguir produciendo electricidad después de una pérdida de alimentación eléctrica, hasta que entraran en funcionamiento los generadores diésel de emergencia. Para realizar la prueba,  llevaron el reactor a una condición de potencia muy baja e inestable. Se desactivaron determinados sistemas de seguridad y se produjeron una serie de errores operativos, sobre un reactor cuyo propio diseño tenía vulnerabilidades importantes. La combinación resultó catastrófica. Aproximadamente a la 1:23 de la madrugada, una subida incontrolada de potencia provocó explosiones de vapor que destruyeron el reactor 4 y el edificio que lo contenía. El reactor soviético RBMK, además, no tenía una estructura de contención como la utilizada en muchos reactores occidentales, lo que facilitó la liberación de material radiactivo.

Después comenzó un incendio que continuó durante días y liberó grandes cantidades de radionucleidos a la atmósfera. Las emisiones importantes se prolongaron aproximadamente diez días. Y ahí empieza la segunda parte de la historia.

¿Por qué la URSS no contó inmediatamente lo que había ocurrido?

Vamos a ser realistas: las primeras horas debieron ser caóticas. Al principio, las propias autoridades soviéticas no comprendían completamente la magnitud del desastre. Los primeros informes hablaban de una explosión y un incendio, pero durante horas hubo funcionarios que todavía no aceptaban que el núcleo del reactor hubiera quedado destruido. La comisión gubernamental llegó a Prípiat recién durante la tarde del 26 de abril y fue entonces cuando empezó a reconocerse la verdadera dimensión de la situación. Pero, a medida que las autoridades comenzaron a comprender la magnitud del accidente, también apareció otra característica de la respuesta soviética: el secretismo y la decisión de limitar la información pública.

¿Por qué? Las razones son varias: La cultura secretista soviética. Admitir públicamente un accidente nuclear de semejante magnitud suponía reconocer un fracaso tecnológico y administrativo enorme. Existía temor a provocar pánico. Las autoridades tampoco tenían todavía toda la información científica necesaria para explicar exactamente los riesgos. Y Chernóbil ocurrió justamente cuando Gorbachov estaba impulsando la glasnost, es decir, una política de mayor apertura y transparencia. Por eso Chernóbil terminó convirtiéndose en una contradicción increíble: un gobierno que estaba intentando abrir el sistema se encontró frente a una de las situaciones que históricamente había respondido con secreto.

Y si hablamos de admitir el fracaso, hay que entender qué significaba Chernóbil para la Unión Soviética. Recordemos que la central nuclear de Chernóbil, ubicada cerca de Prípiat, era una de las centrales más importantes de la URSS. Tenía cuatro reactores en funcionamiento en abril de 1986 y otros dos estaban en construcción. La energía nuclear era fundamental para la estrategia soviética: permitía producir grandes cantidades de electricidad y mostraba la capacidad tecnológica e industrial del Estado.

Para la Unión Soviética, la energía nuclear tenía un significado que iba mucho más allá de encender ciudades. Después de décadas de rivalidad con Estados Unidos, demostrar que la URSS podía dominar tecnologías tan complejas era una cuestión de prestigio nacional y competencia entre superpotencias. Por eso, que uno de sus reactores explotara era mucho más que un accidente industrial. Era un golpe a la imagen de un Estado que pretendía presentarse como una potencia científica, tecnológica y capaz de controlar sus propios sistemas.

Eso nos lleva a ¿qué hizo el Gobierno con lo que había sucedido?

Prípiat estaba a unos pocos kilómetros de la central y tenía alrededor de 50.000 habitantes. Sin embargo, durante prácticamente todo el 26 de abril la vida continuó casi normalmente. No recibieron instrucciones oficiales sobre el peligro de la radiación. No se les explicó qué medidas tomar ni se les indicó que permanecieran dentro de sus casas. Incluso los equipos de emergencia tenían conocimientos y equipamiento insuficientes para trabajar en un ambiente altamente radiactivo. La evacuación comenzó recién el 27 de abril a las 14:00, aproximadamente 36 horas después del accidente. Cerca de 115.000 personas fueron evacuadas durante 1986 de las zonas circundantes, y posteriormente unas 220.000 más fueron reubicadas.

Pero creo que lo más tremendo fue que los propios primeros respondedores no sabían exactamente a qué se enfrentaban. Los primeros bomberos llegaron pensando que estaban combatiendo un incendio industrial. No estaban preparados para un escenario de radiación extrema.

Y si a eso le sumamos que la radiación vuela, sin fronteras, la URSS tampoco anunció internacionalmente lo que había pasado. Suecia detectó que algo estaba pasando, los niveles de radiación que tomaban sus propias instalaciones marcaban niveles totalmente anormales y empezaron a investigar. Eso los fue llevando a que el origen era algún punto de la Unión Soviética. Ahí recién Moscú admitió que había ocurrido un accidente en Chernóbil y el mundo empezó a intentar ubicar en el mapa una ciudad de la que, hasta entonces, muy pocos habían oído hablar.

Y, como frutilla de este postre, el 1 de Mayo, mientras una nube invisible atravesaba el cielo, miles de personas estaban celebrando en las calles el día del trabajador. La población no tenía acceso a la información completa sobre los riesgos y, en consecuencia, miles de personas siguieron expuestas sin conocer la realidad que estaban viviendo.

Hay algo de Chernóbil que me resulta especialmente difícil de imaginar. Pensar que podías estar ahí. En Prípiat. En Kiev. En cualquier lugar de Europa. Y no saber. No saber que un reactor había explotado. No saber que había radiación en el aire. No saber que quizás estabas respirando algo que no podías ver. Y mientras tanto, seguías con tu día. Porque, seamos sinceros, ¿cuántas veces necesitamos que alguien nos diga que algo está pasando para darnos cuenta? Chernóbil me hace pensar en eso. En que la historia no siempre llega con sirenas, imágenes en televisión o una noticia urgente. A veces llega en silencio. Y quizás esa sea la razón por la que, tantos años después, Chernóbil sigue dando miedo. No solamente por lo que pasó. Sino por pensar que, mientras estaba pasando, hubo personas que todavía no sabían que estaban viviendo uno de esos días que después nadie iba a olvidar. ¿Cómo recuerda una persona un acontecimiento que, en el momento en que estaba ocurriendo, ni siquiera sabía que estaba viviendo? ¿Dónde estabas cuando ocurrió Chernóbil? Quizás de eso también se trate esta pregunta que venimos haciendo. De recordar que hubo momentos que cambiaron el mundo aunque, en ese instante, nosotros todavía no lo supiéramos. Y nosotros, simplemente, seguimos con nuestro día.

Crédito: Anatoly Rasskazov

Virginia Calarco. Periodista.

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