En la nota, Miguel comparó a los alumnos de escuelas técnicas con artistas y deportistas “que desde muy chiquitos saben cuál es su vocación y su pasión”. A partir de eso cuestionó el formato tradicional de secundaria: materias separadas, docentes que “entran y salen”, estudiantes con horas libres y clases expositivas.
En el marco de lo que ellos piensan, nos metemos en la historia de Marcos, dijo la Ministra, un estudiante que viene construyendo un recorrido artístico poco común desde muy chico. Marcos tiene 12 años, estudia en la Escuela de Música Juan Pedro Esnaola y toca el violín desde los 4. Ya se presentó en escenarios como el Teatro Colón y la Usina del Arte, y hoy sigue formándose con referentes internacionales mientras continúa su trayectoria escolar. Su historia aparece en medio del debate impulsado por la ministra Mercedes Miguel sobre la necesidad de una escuela “menos rígida” y capaz de acompañar talentos y vocaciones tempranas.
Marcos forma parte de “Artistas de Alta Dedicación”, una iniciativa que acompaña a chicos y adolescentes que eligen desarrollar un camino artístico intenso sin abandonar la escuela, buscando compatibilizar la exigencia académica con procesos de formación profesional en disciplinas como música, danza o actuación.
Cuando habla de una “escuela rígida”, se refiere a un modelo tradicional y estructurado, con características como: evaluación basada más en aprobar exámenes que en proyectos o aprendizajes aplicados, alumnos sentados pasivamente.
En contraste, la ministra propone una secundaria “menos estructurada” y “más interactiva”, donde:
Haya trabajo por proyectos; los docentes planifiquen juntos; el estudiante tenga un rol más activo; se prioricen habilidades, vocaciones e intereses; desaparezca el esquema de “estar sentado escuchando”.
La idea de “no apagar talentos” apunta a que la escuela no debería desmotivar a chicos que ya tienen capacidades o intereses marcados, por ejemplo en programación, técnica, arte o deportes, obligándolos a adaptarse a un sistema uniforme y enciclopedista. Según Miguel, el sistema actual muchas veces “les quita el amor por aprender”.