Silvia Irigaray, mamá de Maxi, destaca siempre la importancia de este acompañamiento, de este abrazo como le gusta decir, que le da fuerzas para seguir ya no por justicia para su hijo, sino para muchas otras víctimas, no sólo de gatillo fácil sino también por accidentes de tránsito o en manos de predadores humanos.
Allí en las fotos al pie del altar estaba como siempre la de los tres chicos víctimas de la conocida Masacre de Floresta, aunque este año hubo otras madres que se sumaron a pedir por justicia por sus hijos, incluso la mama de Fernando Baez Sosa, que en ese momento faltaban unos días para el inicio del juicio a los culpables. Mirando desde la distancia es una sensación muy especial, conmueve verlas como se abrazan, se toman de la mano, se ayudan para poder seguir adelante con el dolor que las atraviesa, sentí mirándolos como una ola de ternura, algo así las envolvía y las vuelve increíbles y también invencibles.
Otro detalle que hubo este año fue el acompañamiento a Silvia no solo de su Hijo Pablo y su señora, también estuvo la pequeña nieta, que si bien no puede descifrar algunos detalles del ritual religioso, sí tiene bien claro lo que significa para su familia el asesinato de su tío Maxi, junto a Cristian y Adrián, siguió atenta la ceremonia y también se sentó frente a la foto de los chicos, así como esperando respuesta.
El Padre Julio De Mendiguren siempre las contiene con su palabra tan amorosa y certera, habla de los locos y los violentos que hacen de su atropello el dolor de estas familias, pero también le pone un tono distinto como por ejemplo para bendecir los 60 años de casados de una pareja que concurre habitualmente, este año con muchos integrantes de la familia.
Como siempre admiro a este grupo de padres y madres que se contienen amorosamente mientras luchan por justicia para sus hijos, pero suman a otros que inician el camino del reclamo.